19 de diciembre de 2010

COMO DESARROLLAR LA LENGUA ORAL CON MI GRUPO

Hablar, escuchar, leer y escribir son actividades cotidianas. En todas las culturas, la lengua oral está presente y es parte fundamental de la vida social de los individuos desde su naci­miento. La escritura es una invención más reciente en términos históricos, y la mayor parte de las sociedades modernas depende de ella para su organización y desarrollo, porque gran parte de la generación y la transmisión de conocimientos se realiza a través de ella.
La lectura y la escritura son parte de una gran cantidad de actividades cotidianas: leemos y escribimos para entretenernos, para saber más sobre los temas que nos interesan, para organizar nuestras actividades, para tomar decisiones, para resolver problemas, para recordar, para persuadir e influir en la conducta de otros. Lo hacemos a través de un con­junto de tipos de texto y de discursos que se han ido definiendo a lo largo de la historia y que satisfacen una multiplicidad de necesidades sociales y personales, públicas y privadas, mediatas e inmediatas. (SEP, 2009)
Por por lo que, quienes nos dedicamos a ser docentes tenemos la necesidad impetuosa de promover acciones de trabajo que conlleven a nuestros alumnos a desarrollar la habilidades necesarias para que sean aplicadas en los diversos contextos en los que se desarrollen.
Con lo que respecta a mi práctica docente, al comienzo del ciclo escolar no sabía que esperar de mis alumnos, de hecho nunca tuve expectativas específicas porque de alguna manera tenía una noción vaga de como estarían mis alumnos después de conocer a quien fue su maestra de cuarto grado.
Cuando tuvimos la oportunidad de conocernos me di cuenta de que la realidad superaba en mucho lo que yo esperaba, tienen muchos malos hábitos, uno de ellos es esperar a que les diga cómo hacer las cosas, su falta de autoestima, falta de comprensión lectora, falta de orden en sus actividades e incluso falta de respeto en la forma de hablarme; cuando constate esto a través del diagnóstico inicial me sentí abrumada y con cierta falta de confianza con respecto a lo que tenía que hacer, sin embargo entendí el papel tan importante que tendría que asumir como mediadora educativa.
Para ello establecí un clima de confianza y de respeto entro los miembros que conformamos el grupo, para mí era de vital importancia desarrollar un reglamento que fluyera por ambas partes de tal modo que cada uno de nosotros asumiéramos nuestros roles, es decir, yo el de profesora y ellos el de alumnos.
Esto ha permitido no involucrarnos en una lucha de poderes y les he hecho ver que somos un grupo y por lo tanto las acciones de unos influyen de manera positiva o negativa en el resto del grupo, pero que además, todos sus actos tienen consecuencias, de forma tal que, de no hablar por miedo a equivocarse o faltarse al respeto unos a otros cuando alguien decía lo que pensaba o sentía, ahora todos respetamos el pensamiento y la forma de actuar, de habla y de pensar de los demás.
La confianza que han logrado desarrollar cada uno de los niños de quinto ha rebasado mis expectativas, poco a poco ha desarrollado las competencias lingüísticas […] entendidas como las habilidades para utilizar el len­guaje; es decir, para expresar e interpretar conceptos, pensamientos, sentimientos, hechos y opiniones a través de discursos orales y escritos, y para interactuar lingüísticamente en todos los contextos sociales y culturales. Sin embargo, para desarrollar competencias para la comunicación lingüística se requiere de conocimientos, habilidades, valores y actitudes que se interrelacionan y se apoyan mutuamente en el acto de la comunicación, usando el lenguaje como medio para interactuar en los diferentes espacios de la vida: social, acadé­mica, pública y profesional. (SEP, 2009)
Con toda honestidad desde mi punto de vista, esta experiencia con los chiquillos muestra que cuando las cosas se hacen con una combinación de respeto, tolerancia, amor y conciencia, los niños pueden entonces avanzar hacia el uso social del lenguaje oral y escrito.

11 de septiembre de 2010

Mi experiencia en la enseñanza de la lengua

Hoy me doy cuenta que la enseñanza de la lengua oral y escrita ha sido parte de mi preocupación educativa, es decir, cuando inicie la Licenciatura en Educación, comencé a buscar todo tipo de información que me diera luces para ser asertiva en la formación de mis alumnos, los cuales en ese momento eran pequeños de preescolar y siendo yo nueva en la docencia me generaba gran inquietud hacer la cosas lo mejor posible.

Básicamente mis líneas de trabajo en la LE´94 se enfocaban a preescolar, la intención siempre fue la misma, saber el proceso de desarrollo psicológico, social, emocional y físico en dicha etapa para dar respuesta a la necesidades de mis alumnos, sin embargo, descubrí que, si bien aquí se forman los pilares, también en los demás momentos de la vida de un estudiante (me refiero a la primaria y secundaria) debían existir ciertas formas de asimilar y procesar el conocimiento, en este sentido Piaget, Ausubel y Vygotsky entre otros me ayudaron a clarificar este pensamiento, siendo el lenguaje oral y escrito una de la principales ramas en las que he buscado especializarme.

Por un lado esta inquietud surge de la latente necesidad de romper con un lastre cultural llamado costumbre, es decir, por costumbre es el docente líder dominante en el aula y los estudiantes un activo fijo. Saben, cuándo veo prácticas así me imagino a los niños ahogando sus voces para no ser sometidos al juicio y la crítica de su maestro.
Es lamentable y vergonzoso.

Para mí, un aula sin más sonidos que los emitidos por un docente es un aula muerta, no hay vida, no existe ese vaivén en que fluctúan emociones, experiencias, ideas y sueños que enriquecen la vida de la misma.

Y bueno, en mi aula me encanta oír a los niños hablar y expresar los que les venga en gana; ¿Por qué? Porque yo fui esclava de la ignorancia de mis maestros y fui castigada por decir y ser lo que mi alma deseaba.

Finalmente les comparto lo importante que es para mí llevar a cabo una metodología y básicamente esta se desprende de la RIEB y el programa de quinto grado en el cual ejerzo mí práctica educativa, además y lo más importante:

La vida está hecha para hacer hablar a la mente e interactuar con los demás, solo hace falta hacer del aula un espacio para ello.